El eterno debate entre venezolanos y colombianos sobre quién inventó la arepa ha perdurado por generaciones.
Cada bando dará razones para adjudicarse el delicioso plato a base de maíz que posee raíces indigenas.
Existen variadas opiniones sobre el origen de la arepa. Desde suramericanos famosos hasta el ciudadano de a pie han expresado su criterio al respecto.
Una de las respuestas más diplomáticas sobre a quién pertenece la arepa fue la que la actriz colombiana Isabella Sierra dijo durante una entrevista en el año 2022, la cual ha vuelto a resurgir en las redes sociales.
Isabella dio a conocer en esa oportunidad una teoría que había formulado sobre el debate.
«La arepa es como el hijo de dos divorciados, ¿sabes? Son de ambos, pero el papá la quiere tener sólo para él. Entonces, la arepa es un hijo de dos divorciados. Es de ambos», concluyó.
La respuesta de la actriz se viralizó rápidamente en redes y varios usuarios le dieron la razón, argumentando que estaba en lo correcto y no había necesidad de generar discusión.

Qué dice la historia
Los antecedentes de la arepa se encuentran en los pueblos indígenas del norte de Suramérica. Ellos ya hacían este plato a base de maíz mucho antes de la llegada de los europeos al continente.
Para estas comunidades, el maíz era un alimento fundamental, preparándose en forma de discos cocidos sobre superficies calientes.
El término «arepa» proviene de erepa, una palabra de la lengua cumanagota que hacía referencia al maíz y era utilizada por los grupos caribes asentados en la costa oriental del actual territorio venezolano. Por este motivo, se le adjudica su origen en Venezuela.
La arepa comparte características con diversos platillos tradicionales de América Latina.
Entre ellas destacan la gordita mexicana, la pupusa típica de El Salvador y Honduras, las tortillas gruesas de maíz, las changas panameñas y las tortillas cocinadas en fogón que forman parte de la gastronomía de las zonas andinas de Ecuador.
Sus antecedentes al detalle
La historia de la arepa es mucho más antigua que las fronteras modernas de Colombia y Venezuela. Por esta razón, el debate sobre su verdadero origen sigue despertando pasiones en ambos países.
Los investigadores coinciden en que este alimento nació mucho antes de la llegada de los españoles. En ese entonces, diversos pueblos indígenas que habitaban el norte de Suramérica ya cultivaban maíz y preparaban una especie de pan circular cocido sobre piedras calientes o budares de barro.
Como los territorios que hoy conocemos como Colombia y Venezuela formaban parte de una misma región cultural habitada por diferentes comunidades indígenas, resulta prácticamente imposible atribuir su creación a una sola nación.
Lo que sí está documentado es que, con el paso de los siglos, ambos países desarrollaron estilos completamente diferentes de preparar este alimento.
En Venezuela, la arepa suele abrirse para rellenarse con ingredientes tan variados como carne mechada, pollo, queso, aguacate, caraotas, jamón o pernil. Así, se convierte en una comida completa que puede consumirse en cualquier momento del día.
En Colombia, en cambio, existen decenas de variedades regionales, desde la arepa paisa y la arepa santandereana hasta la arepa boyacense o la famosa arepa de huevo de la costa Caribe. Cada una tiene ingredientes, tamaños y métodos de preparación distintos.
Esa evolución culinaria demuestra que la arepa dejó de pertenecer a un solo lugar hace mucho tiempo. Por lo tanto, se convirtió en un símbolo gastronómico de toda una región.
La arepa viajera
En los últimos años, además, la migración latinoamericana ha llevado este platillo a ciudades de Estados Unidos, España, Canadá y otros países. En estos lugares, restaurantes, panaderías y pequeños negocios familiares han contribuido a popularizarla entre personas de diferentes nacionalidades.
Hoy es común encontrar arepas en supermercados internacionales, festivales gastronómicos e incluso en cadenas de comida rápida que han adaptado el producto para nuevos consumidores.
Esta expansión global también ha reavivado el debate sobre su origen. Especialmente en redes sociales, cualquier comentario de una celebridad o influencer suele dividir opiniones entre colombianos y venezolanos.
Sin embargo, muchos historiadores consideran que la discusión debería centrarse menos en quién puede reclamar la autoría y más en reconocer el enorme legado cultural que representa.
Su adaptación
La arepa es un ejemplo de cómo las tradiciones indígenas sobrevivieron a la colonización. Además, evolucionaron durante siglos hasta convertirse en un alimento cotidiano para millones de personas.
También refleja la riqueza gastronómica de América Latina. En esta región, un mismo ingrediente puede transformarse en recetas completamente diferentes según la región, las costumbres y los productos locales.
Al final, quizá la mayor fortaleza de la arepa sea precisamente esa capacidad de adaptarse sin perder su esencia. Ya sea asada, frita, horneada, rellena o servida con mantequilla y queso, sigue siendo un alimento que despierta nostalgia, identidad y orgullo entre quienes crecieron comiéndola.
Por eso, más allá de los debates que cada cierto tiempo resurgen en internet, la arepa continúa siendo un patrimonio cultural compartido que une a millones de personas a través del maíz, un ingrediente que ha acompañado la historia de América durante miles de años y que hoy sigue ocupando un lugar privilegiado en la mesa de colombianos, venezolanos y de toda la diáspora latina alrededor del mundo.
