Tom Cruise acaba de encontrarse con algo que parecía difícil de imaginar después de «Top Gun: Maverick», una película protagonizada por él que no consigue convertir su nombre en un evento de taquilla.
«Digger», el nuevo filme del director mexicano Alejandro González Iñárritu, recaudó apenas ocho millones de dólares en Estados Unidos y Canadá durante su primer fin de semana y terminó en el quinto lugar. A nivel internacional sumó otros 12 millones, para alcanzar unos 20 millones de dólares globales.
El dato más llamativo no es solamente cuánto dinero hizo «Digger», sino lo que representa para una estrella que durante décadas ha construido una relación muy particular con el público. El estreno es el peor de Tom Cruise desde «Leones por corderos» (Lions for Lambs), de 2007, cuando aquella película abrió con 6,7 millones de dólares.
Pero comparar directamente ambas cifras puede ser engañoso. Lo realmente extraordinario es que «Digger» llega casi 20 años después, con un presupuesto mucho mayor y con Cruise convertido en uno de los grandes defensores de la experiencia cinematográfica en salas.
El problema de «Digger» no fue simplemente Tom Cruise
Durante los últimos años, Cruise ha conseguido algo que pocas estrellas de Hollywood pueden hacer: transformar una película en una razón para ir al cine.
«Top Gun: Maverick» es el ejemplo definitivo. La película terminó recaudando cerca de 1500 millones de dólares a nivel mundial y demostró que el nombre de Cruise todavía podía funcionar como una marca cinematográfica capaz de atraer espectadores masivamente.
La diferencia está en el producto que el público creía estar comprando.
Cuando alguien paga una entrada para una película de Cruise como «Mission: Impossible» o «Top Gun: Maverick», existe una promesa muy clara: espectáculo, acción, riesgo físico y una experiencia que justifique abandonar el sofá y acudir a una sala de cine.
Digger rompe deliberadamente con esa expectativa. En la película, Cruise interpreta a Digger Rockwell, un poderoso magnate petrolero que provoca una catástrofe ambiental y después intenta convencer al mundo de que él puede ser su salvador. La cinta es una sátira oscura y mucho más experimental que los grandes éxitos comerciales asociados con el actor. Ahí aparece la paradoja.
La película utilizó el nombre de Cruise para vender algo que no necesariamente es lo que la mayoría del público busca cuando compra una película del actor estadounidense.
El extraño caso de una película demasiado grande para ser una apuesta de autor
«Digger» no es una pequeña película experimental realizada con un presupuesto modesto. Las estimaciones sobre su costo de producción se sitúan entre 125 y 180 millones de dólares, dependiendo de la fuente y de qué gastos se contabilicen. Además, Warner Bros. habría destinado alrededor de 100 millones de dólares a marketing.
Eso cambia completamente la conversación. Una película de autor que recauda 20 millones de dólares en su primer fin de semana puede convertirse en un proyecto de nicho, encontrar posteriormente una audiencia en streaming y terminar construyendo una reputación con el paso de los años.
Pero una superproducción de este tamaño necesita una audiencia masiva desde el comienzo.
Variety señala que, con los costos de producción y promoción, Digger necesitaría acercarse a los 350 millones de dólares globales para alcanzar el punto de equilibrio cinematográfico estimado.
Por eso, el problema de «Digger» no es únicamente que haya recaudado poco. Es que la película fue diseñada económicamente para necesitar una audiencia que su propuesta creativa no consiguió generar.
¿El público está rechazando a Tom Cruise?
Este es probablemente el punto más importante que conviene entender antes de declarar que “Tom Cruise perdió su poder de taquilla”.
El resultado de «Digger» demuestra que Cruise no es automáticamente una garantía para cualquier género. Su poder parece estar mucho más relacionado con determinados tipos de experiencias cinematográficas.
La prueba está en que su regreso a una franquicia conocida o a un espectáculo de acción genera una expectativa completamente diferente.
En «Digger», además, Cruise aparece transformado para interpretar a un personaje muy alejado de la imagen de héroe físico que domina buena parte de su carrera reciente. El propio marketing tuvo que vender una versión del actor que el público no está acostumbrado a ver.
TheWrap identifica precisamente esa desconexión entre la expectativa asociada con Cruise y la propuesta de la película como uno de los factores detrás del fracaso.
Eso no significa que Cruise no pueda hacer drama, sátira o cine experimental.
Significa algo más interesante: el público no compra solamente una película de Cruise; compra una expectativa de lo que significa “una película de Tom Cruise”.
«Digger» tampoco encontró una segunda audiencia
La película obtuvo una calificación de C+ en CinemaScore, una señal especialmente complicada para una producción que necesita mantenerse varias semanas en cartelera. Además, las críticas y las reacciones del público fueron bastante polarizadas.
Si el público inicial hubiera reaccionado con entusiasmo, el filme podría haber construido una conversación alrededor de Iñárritu, Cruise y su propuesta satírica. En cambio, las primeras reacciones limitaron la posibilidad de que los espectadores indecisos decidieran darle una oportunidad.
Aquí aparece una diferencia fundamental frente a «Top Gun: Maverick» aquella película no solamente abrió fuerte, sino que consiguió convertirse en una experiencia que el público recomendaba a otras personas.
«Digger» necesitaba exactamente ese efecto. No lo consiguió.
El fracaso también es una advertencia para Hollywood
Quizás la lectura más interesante de «Digger» no tenga que ver con Cruise.
Tiene que ver con una industria que continúa intentando combinar dos modelos que no siempre funcionan juntos: El cine de autor y la superproducción diseñada para recaudar cientos de millones de dólares.
Iñárritu tiene una trayectoria que puede generar prestigio, premios y conversación cultural. Cruise tiene una trayectoria capaz de generar enormes ingresos internacionales. Sobre el papel, juntar ambos nombres parecía una fórmula perfecta.
Pero prestigio y popularidad no son necesariamente lo mismo. «Digger» demuestra que reunir a dos grandes nombres no garantiza que exista una audiencia igualmente grande para la película que decidan hacer.
Por eso, el fracaso puede terminar siendo más importante para Hollywood que para la carrera de Cruise. El actor todavía tiene franquicias, reconocimiento mundial y una capacidad excepcional para convertir una producción en acontecimiento cuando el concepto conecta con sus espectadores.
Lo que «Digger» acaba de demostrar es algo mucho más incómodo: Mi siquiera una de las mayores estrellas de cine puede vender cualquier película simplemente poniendo su nombre en el cartel.
En una industria que intenta justificar cada vez presupuestos más elevados, esa podría ser la verdadera lección de este inesperado fracaso.
