Si un venezolano y un mexicano entran a una cocina con maíz, chicharrón y mucha hambre, probablemente salgan con dos platillos distintos… y ambos convencidos de que el suyo es el mejor.
La arepa de chicharrón venezolana y la gordita de chicharrón mexicana parecen primas lejanas: ambas nacieron del maíz, ambas llevan cerdo y ambas son perfectas para quitar cualquier antojo. Sin embargo, basta un solo mordisco para descubrir que cuentan historias completamente diferentes.
Aunque muchos turistas las confunden, e incluso algunos restaurantes presentan la arepa como «una gordita venezolana» para que el público mexicano la entienda mejor, la realidad es que cada preparación tiene identidad propia, técnicas distintas y un lugar muy especial dentro de la gastronomía de su país.
La arepa de chicharrón: cuando el chicharrón forma parte de la masa
En Venezuela la arepa es mucho más que un alimento. Es el equivalente al pan en la mesa diaria y está presente desde el desayuno hasta la cena.
Su origen se remonta a los pueblos indígenas que ya procesaban el maíz mucho antes de la llegada de los españoles, cocinándolo sobre un budare, una plancha de barro utilizada desde tiempos ancestrales.
La mayoría de las personas conoce las arepas rellenas con queso, carne mechada o la famosa reina pepiada, pero existe una versión que enamora a los amantes del cerdo: la arepa de chicharrón.
Aquí ocurre la primera gran diferencia con México. En lugar de rellenar la arepa con chicharrón, el chicharrón triturado o finamente picado se incorpora directamente a la masa de harina de maíz precocida.
Esto hace que, al cocinarse, pequeños trozos de piel de cerdo se doren dentro de la arepa, aportando una textura ligeramente crujiente y un sabor intenso desde el primer bocado.
En muchas regiones venezolanas incluso no necesita ningún relleno adicional porque la grasa del chicharrón mantiene la masa húmeda y llena de sabor.
Es una preparación sencilla, pero muy representativa de la creatividad venezolana para transformar ingredientes cotidianos en comida reconfortante.
La gordita mexicana: el relleno es el protagonista
En México ocurre exactamente lo contrario. La gordita comienza como una tortilla gruesa de masa de maíz nixtamalizado. Se cocina en un comal hasta que queda firme y luego se abre cuidadosamente para rellenarla con prácticamente cualquier guiso imaginable.
Entre todos esos rellenos, uno de los favoritos es el chicharrón prensado.
Este ingrediente no es el clásico chicharrón crujiente que acompaña los tacos. El chicharrón prensado se elabora aprovechando los restos de carne y grasa del cerdo que se compactan y posteriormente se cocinan con salsa roja o verde, creando un relleno jugoso, ligeramente picante y muy sabroso.
La masa permanece prácticamente neutra; toda la personalidad del platillo está escondida en su interior.
Es decir, mientras la arepa venezolana mezcla el chicharrón desde el inicio, la gordita mexicana guarda la sorpresa para cuando se abre.
Dos masas, dos culturas
Aunque ambas utilizan maíz, tampoco se elaboran de la misma manera.
La arepa moderna venezolana suele prepararse con harina de maíz precocida, mezclada únicamente con agua y sal. Esa masa se amasa, se forma en discos gruesos y luego puede cocinarse a la plancha, al horno o incluso frita dependiendo de la región.
La gordita mexicana, en cambio, utiliza masa nixtamalizada, producto de un proceso ancestral desarrollado por los pueblos mesoamericanos que consiste en cocer el maíz con cal para mejorar su textura, sabor y valor nutricional.
Esa diferencia cambia completamente la experiencia. La arepa tiene una textura más uniforme, suave por dentro y ligeramente tostada por fuera. La gordita suele ser más flexible y conserva ese característico sabor del maíz nixtamalizado que también encontramos en las tortillas mexicanas.
¿Cuál lleva más grasa?
Aquí podría pensarse que existe un ganador evidente. Después de todo, una arepa cuya masa contiene chicharrón debería ser mucho más grasosa. Pero no siempre es así.
La grasa del chicharrón se distribuye dentro de la masa y suele cocinarse lentamente, mientras que la gordita con chicharrón prensado concentra gran parte de la grasa en el relleno, especialmente cuando éste se cocina con salsa.
En ambos casos hablamos de comida para disfrutar sin contar calorías. Son esos platillos que nadie pide cuando está «a dieta».
El ritual para comerlas también cambia
En Venezuela, abrir una arepa para rellenarla es casi un acto automático. Sin embargo, cuando se trata de la arepa de chicharrón, muchos prefieren comerla sola o apenas acompañarla con queso blanco, mantequilla o aguacate, porque la masa ya tiene suficiente sabor.
La gordita mexicana, por el contrario, rara vez llega sola al plato. Normalmente aparece acompañada de salsa, cebolla, cilantro, queso rallado, crema, lechuga o nopales, dependiendo del estado del país y del puesto callejero donde se compre. Es un festival de ingredientes.
¿Entonces una es copia de la otra?
Definitivamente no. Las semejanzas existen porque ambas nacieron de una tradición compartida por muchas culturas indígenas americanas: cocinar el maíz.
De hecho, historiadores coinciden en que la arepa es anterior a la formación de Venezuela y Colombia como países modernos, mientras que la gordita evolucionó dentro de las tradiciones culinarias de Mesoamérica. Comparten un ancestro gastronómico, pero crecieron por caminos completamente distintos.
Compararlas es como decir que un croissant y un cuernito mexicano son exactamente iguales: tienen puntos en común, pero cada uno desarrolló personalidad propia.
¿Cuál gana?
Esa respuesta depende completamente del lugar donde preguntes.
En Caracas seguramente te dirán que ninguna gordita puede competir con una arepa recién salida del budare.
En Ciudad de México probablemente responderán que nada supera una gordita de chicharrón prensado bañada en salsa verde.
Y, siendo sinceros, ambos tienen buenos argumentos.
Porque la verdadera ganadora es la diversidad gastronómica latinoamericana.
La arepa de chicharrón representa la tradición venezolana de enriquecer la propia masa con ingredientes que aportan sabor desde el primer momento. La gordita de chicharrón mexicana, en cambio, demuestra el ingenio de convertir un sencillo disco de maíz en el recipiente perfecto para un guiso lleno de intensidad.
Al final, ninguna intenta reemplazar a la otra. Son dos formas distintas de rendir homenaje al maíz y al cerdo, dos ingredientes que han acompañado a América durante siglos.
Quizá por eso, cuando un venezolano prueba una buena gordita mexicana y un mexicano descubre una auténtica arepa de chicharrón, suele ocurrir lo mismo: dejan de discutir cuál es mejor y empiezan a preguntar dónde pueden pedir otra.
